Los sanjuaninos hacían largas filas por algo de dinero.
Lo que al principio parecía una propuesta llamativa, con filas de personas en San Juan para escanear su iris a cambio de dinero, terminó convertido en uno de los casos más comentados de los últimos tiempos. Detrás de esa imagen de plata fácil y tecnología novedosa, había un mecanismo que hoy quedó expuesto con una condena inédita en el país.
Durante semanas, la movida creció sin freno. Los turnos se pedían por aplicaciones, los pagos llegaban a billeteras virtuales y los puntos de atención se llenaban de gente. Muchas personas se acercaron por necesidades económicas urgentes, mientras empezaban a aparecer las dudas sobre el destino de los datos biométricos y las garantías reales del procedimiento.
Desde el Gobierno provincial, el entonces secretario de Seguridad, Gustavo Sánchez, planteaba que todavía había puntos por aclarar: “Estamos trabajando intensamente para determinar si esa actividad está dentro de la ley o fuera de ella”. Después de los primeros operativos, también decía: “Ellos están legales. Ahora, queda investigar otros aspectos, para esclarecerlo y que no haya perjuicio para ningún ciudadano nuestro”.
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