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el recuerdo de Pichi Escudero a 40 años del Metropolitano que Maradona ganó en Boca

Osvaldo Salvador Escudero, a los 60 años, habla suave, pausado y simple, a tono con su pequeña contextura física, pero sube el volumen de su voz cuando se emociona y enfatiza que él es uno de los pocos jugadores que dio dos vueltas olímpicas con Diego Maradona, las dos antes de los 21 años.

Además de esos dos títulos, el de campeón mundial juvenil en Japón en 1979 y el de Boca, el delantero que se inició en Chacarita en 1978 y jugó hasta 1994 pasó por Vélez, Unión, Independiente, Central (campeón en 1987), Racing, Barcelona de Ecuador, Urawa de Japón, Platense, Chaco For Ever y Tigre. Como entrenador siempre dirigió en El Salvador, donde piensa volver después de la pandemia.

A 40 años del campeonato metropolitano que ganó Boca, en un mano a mano con Clarín, Pichi recuerda aquella campaña y la vuelta olímpica del 15 de agosto de 1981 en la Bombonera. “Dimos la vuelta con la gente, el título también era de ellos”, remarca.

Diego Maradona y la vuelta olímpica en la Bombonera.

Diego Maradona y la vuelta olímpica en la Bombonera.

Pichi, ¿qué sentís 40 años después?

-Mucho cariño y mucho afecto. Fueron momentos muy lindos de mi carrera. Fue un campeonato increíble. Yo venía de un club chico como Chacarita, me había ido al descenso y de pronto vestir esa camiseta, estar al lado de grandes monstruos, además de Diego, con quien habíamos sido compañeros en el juvenil… Los dos teníamos 20 años, cumplíamos en octubre, porque nos llevábamos 15 días nada más, yo soy del 1 y él del 30.

-Los dos eran muy pibes y titulares…

-Sí, muy jovencitos, aunque él tenía más experiencia porque había debutado antes de los 16 y yo lo hice antes de los 18. Jugar de titular en ese equipo no era fácil, había que ganarse la camiseta con buenas actuaciones, buen rendimiento. Yo competía con Mastrángelo, que era un ídolo del club, con el Puma Morete y en Reserva había buenos jugadores. Igual, ni bien llegué al club me propuse tratar de jugar de titular y lo logré, con mucho esfuerzo.

-Todo empezó el 22 de febrero, ante Talleres…

-Recuerdo que al entrar a la cancha temblaba el túnel, porque la gente empezó a saltar, sabían que íbamos a entrar. Parecíamos los gladiadores cuando iban a entrar a la arena. Sabíamos que íbamos a tener una parada difícil. Estaba nervioso sí, pero algo normal, venía de un cuadro chico y saltar a la cancha con esa cantidad de gente impresionante que alentaba y alentaba… Lo recuerdo con mucha nitidez porque fue tremenda la explosión que se produjo cuando entramos. Después jugamos bien y ganamos holgadamente, 4 a 1.

-Arrancaron bien pero el primer despegue fue aquel el 3-0 en el Superclásico en la Bombonera, aunque jugaste poco…

-Tengo pocas expulsiones en mi carrera y justo me vienen a expulsar en ese partido que estaba a la medida para mí, porque había barro, estaba lindo para jugar y yo era rapidito. Primero lo echaron a Mostaza Merlo y después a mi. Fue esa noche que Diego hizo arrastrar a Fillol y hace un lindo gol. Y sí, fue importante y ganamos claramente.

-Digamos que, 40 años después, el árbitro Arturo Ithurralde tenía razón, ¿tiraste una patadita, no?

-En otro contexto no sé si me expulsaba, lo hizo para compensar porque lo había echado a Merlo un rato antes. Pero no quise tocar a Tarantini, que reaccionó mal, por eso creo que compensa. Después, seguí todo el clásico en el vestuario; no se podía salir a la tribuna porque era imposible por la cantidad de gente que había y además no te dejaban aunque sea quedarte en la salida del vestuario.

Osvaldo Escudero dirigió hasta el año pasado en El Salvador.

Osvaldo Escudero dirigió hasta el año pasado en El Salvador.

-Dos fechas después, contra Argentinos, jugaste un partidazo…

-A mí me ganaba el aliento del público, era de correr mucho, de no guardarme nada. Con esa camiseta te ves obligado a correr hasta que no des más. Salí un rato antes y sentí el aliento de la hinchada. Ese día jugué lindo y fue mi primera tapa de El Gráfico.

-Además del torneo, jugaron muchos amistosos, no paraban…

-El equipo tenía un trajín fuerte, amistosos en todas partes. Íbamos de un lado para el otro para las provincias y cada vez que íbamos llenábamos la cancha. Además había que hacer valer que teníamos al mejor jugador de todos los tiempos.

-Se concentraban en La Candela, hoy un espacio mítico… Pasaban muchas cosas ahí, ¿no?

-Muchos recuerdos de aquella casa, hasta el problema que tuvimos cuando la hinchada vino a hablarnos. En la primera concentración, me senté al lado del Chino Benítez, del Loco Gatti y de Hugo Alves, que fue compañero mío en la Selección, en un lugar que era de Pancho Sa, pero no jugaba ese partido. Ni bien me senté, el Chino me dijo, ‘¿sabés donde estás sentado vos? Ahí se sentó por años Pancho Sa, así que tenés que dejar el lugar’. Entonces el Loco Gatti le dijo que no rompiera los huevos, que Pancho no jugaba y me dejaron sentar ahí y me quedé para siempre en esa mesa, porque Pancho jugó muy poco ese año. Después fue un gran compañero, pero al principio era jodido. Había que respetar a los mayores y yo era muy pibe y a veces le tiraba caños. Había una canchita, cerca del estacionamiento, que le decíamos el Maracanazinho, con dimensiones de baby pero de tierra, se embarraba mucho. Un día le tiré un caño al Chino y me quería matar. Se ponían lindos los picados, se picaba.

-Y la visita de la barra, hoy parece de película lo que pasó ese sábado antes del partido con Estudiantes…

-No veníamos bien, tuvimos un bache en el torneo y Ferro se nos estaba acercando. No tengo el recuerdo tan patente pero sí entraron a la concentración y nos hicieron reunir en la sala de juegos. Diego quiso decir algo y el jefe de barra, creo que era El Abuelo, le dijo que no, que con él no era y que ya le iban a dar la palabra. Entonces Diego se calló. Y El Abuelo empezó a decir que en este club había que ganar siempre, que nosotros íbamos a tener el aliento de ellos pero que nosotros teníamos la obligación de ganar.

-Pero aparecieron armados…

-Sí, bueno, lo hicieron para amedrentarnos pero nosotros teníamos en claro lo que estábamos viviendo y tuvimos un buen campeonato. Y después nadie nos molestó, al contrario; la hinchada siempre estuvo alentado y nos seguían a todos lados.

-El otro partido clave fue el triunfo ante Ferro.

-Sí, porque si perdíamos se nos acercaban o pasaban, no recuerdo. Pero Diego le metió ese pase cruzado de tres cuartos de cancha a Perotti, que definió y la pelota entró despacito. El Mono salió corriendo y hubo una avalancha increíble. Tengo unos conocidos de acá del barrio, dos hermanos, que uno se perdió en esa avalancha y recién se encontraron cuando terminó el partido y afuera de la cancha.

-Y la consagración ante Racing, que este domingo se cumplen 40 años….

-Tengo muchos recuerdos. Tengo la camiseta de Boca del 81, en un cuadrito, acá en el pasillo. Hasta que me llamaste y me dijiste que se cumplían 40 años, no tenía en cuenta la fecha. Y ahora pienso que es increíble que hayan pasado 40 años. No jugué bien ese día, estaba un poco nervioso porque era el último partido. Empatamos con un gol de Diego de penal. Cuando terminó el partido, la gente entró a la cancha, a mi me levantaron en andas, dimos la vuelta olímpica con la gente. Viste que no es como ahora que la gente festeja desde afuera y el equipo pueda dar la vuelta tranquilo. Ahí no se pudo, pero está bien, ese campeonato también era de la gente, entonces entraron y dimos la vuelta juntos.

-Después festejaron ustedes, ¿te acordás dónde?

-Sí, en la Cantina de David, que quedaba por Chacarita. Podíamos ir con la familia. Yo fui con mis papás y con un vecinito, Iván, que era hincha de Boca, lo recuerdo bien, estuvo con Diego, todos compartimos en esa cena el campeonato.

Pichi Escudero, en su época de jugador.

Pichi Escudero, en su época de jugador.

-¿Cómo resumís ese año de tu vida?

-Yo era muy jovencito y ya había salido campeón del mundo con el juvenil y campeón con Boca, me había ido al descenso con Chacarita, muchas emociones juntas. Tenía 21 años y una experiencia increíble. Después también salí campeón con Rosario Central, en 1987, que también quedó en la gente porque era un equipo extraordinario, el Negro Palma, Gasparini, y además fue el último titulo. Entonces, cuando voy por la calle o me relaciono con gente de Boca, se acuerdan patente los equipos, me dicen los goles que hice…

Además, como frutilla del postre lo teníamos a Diego en su esplendor y eso le voy a estar agradecido a Dios de haber jugado con él, porque soy uno de los pocos jugadores que dio dos vueltas olímpicas con Diego, tengo el orgullo de haber jugado con el más grande, de haber participado en su juventud, cuando era un pibe que siempre vivía riéndose.

Era muy gracioso, cuando iba a pedir la ropa en la utilería, yo me arrimaba y él le decía al utilero ‘¿quien pidió el porrón este que tengo acá al lado?’. Tenía esas ocurrencias que me hacían matar de risa. Él me apreciaba mucho. Tengo una foto firmada por él. Fijate, de haber jugado dos años, de haber participado en tantos eventos lindos, jamás fui capaz de pedirle una camiseta o algo. Pero tengo esa foto y me puso ‘con admiración al Pichi’, como que él me admiraba a mí.

-¿Y qué sentís que para este aniversario ya no esté?

-Me parece increíble, no lo puedo creer. Siempre hablamos con los chicos del juvenil, que para nosotros no se fue, que sigue estando y tenemos la esperanza de cruzarnos un día con él y charlar. Pero estaba tan enfermo, no teníamos llegada, ni sus hijas, imaginate nosotros, menos. Pero él siempre nos mandaba un mensaje para los aniversarios, siempre se sintió orgulloso de pertenecer a ese equipo que para él fue uno de los mejores equipos en los que estuvo para la manera de jugar al fútbol que tenía.

-Ahora que sos entrenador, ¿qué rescatás de la figura de Silvio Marzolini?

-Lo recuerdo con mucho cariño, porque fue un técnico que confió en mí, que se la jugó porque yo era muy jovencito y me tenía confianza. Y esta confianza que me daba yo se la tenía que devolver con buenas actuaciones. Y creo que fui uno de los que más jugó en ese torneo.

Era uno de esos técnicos que sabía administrar talentos. Antes no había esto de jugar con tantas estrategias como ahora, con tanto trabajo; la importancia del técnico es abrumadora. Antes no, en cuanto al trabajo de la semana, hacíamos físico los martes, con la pelota los miércoles, fútbol los jueves, que paraba el equipo y nos corregía un poquito pero el sábado o el domingo, en la cancha, decidíamos nosotros, teníamos gente con mucha experiencia que nos acomodaba. Y con Diego nos conocíamos de memoria. Pero Silvio era un tipo muy carismático, muy buena gente. En el micro, cuando íbamos para la cancha, pasaba y me decía ‘Pichi, hoy, fútbol, fútbol, fútbol’ y yo entendía que era que juegue al fútbol que siempre sentí.

-¿Hay prevista alguna reunión por los 40 años, entre ustedes o por parte del club?

– No, la verdad que no, no me enteré de nada. Me gustaría encontrarme con los compañeros de aquella época.

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