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La historia del científico sanjuanino que por la pandemia montó un estudio casero y anticipó el impacto de cada ola – Telesol Diario

Entró al CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), primero como becario, en 1985. Pero fue entre 2020 y 2022 en donde su ardua pero silenciosa labor científica tomó mayor notoriedad pública en San Juan.

En plena cuarentena, Héctor Daniel Patiño instaló un estudio provisorio, la “Covitera” (como le dice cariñosamente su esposa), en una habitación de su casa de Rivadavia. Decidió no tomarse vacaciones durante la pandemia y acondicionó un modelo matemático para hacer el seguimiento de las diferentes curvas de contagios.

También armó un grupo de WhatsApp en donde incluyó a académicos de la Universidad Nacional de San Juan y periodistas de la provincia. A través de esa vía, y por Facebook, le expuso a la sociedad los resultados y conclusiones de los momentos más duros del histórico contexto, tras el trabajo home office con el equipo que dirige.

“Descubrimos que eran necesarios 25 días de aislamiento para controlar un brote”

La ciencia de datos le aportó a las autoridades sanitarias las previsiones necesarias para anticiparse a la escalada de contagios en cada etapa de la pandemia y trabajar para “mitigar los brotes”. Científicos de todo el mundo pusieron sus conocimientos a disposición de quienes gestionaban la crisis. Y en Argentina, el profesional de 60 años, que trabaja en el Instituto de Automática de la UNSJ, fue pionero.

En el medio, Patiño sufrió los dolorosos golpes del COVID-19, como muchos sanjuaninos en los últimos dos años. El virus se llevó a su mamá y a algunos amigos. Pero él dice que en esas tristes circunstancias sacó más fuerza para no detener su labor.

Sus previsiones acertaron sobre el comportamiento de cada curva de contagios y fueron unas de las fuentes más confiables y didácticas para entender la progresión de la emergencia sanitaria en el país y en la provincia.

El profesional revela, además, una particular anécdota familiar, que ocurrió en enero de este año. Cuando la explosión de casos de Ómicron batía récords, preocupaba a la población y él tampoco pudo escapar al contagio, le indicó a su hija que podía planificar su fiesta de casamiento para febrero, porque su modelo matemático le anticipaba una brusca caída de casos de coronavirus. Y así fue: hubo cena y hasta baile sin la necesidad de usar barbijos adentro del salón.

La importancia de la ciencia de datos

“Toda la comunidad científica recibió un llamado para que nos pusiéramos a trabajar en la ciencia de datos y modelos matemáticos“, recuerda Patiño.

Los organismos internacionales que convocaron a esa labor en febrero del 2020 fueron la IFAC (Federación Internacional del Control Automático, por su sigla en inglés) y el IEEE (Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos) de Estados Unidos. En julio de ese año se sumó al pedido la OMS (Organización Mundial de la Salud).

“Pretendían que trabajáramos en las estadísticas para aportar a la toma de decisiones. Si bien a las tareas las dispone Salud Pública, esto en realidad trasciende a la medicina. Tiene que ver más con los medios físicos, sobre cómo se propaga la enfermedad en una población“, explica el especialista.

Patiño es ingeniero electrónico egresado de la UNSJ y doctor en Ingeniería de Control. Además hizo un postdoctorado en Sistemas Inteligentes e Inteligencia Artificial en Control en el Stevens Institute of Technology de Estados Unidos, país en donde también fue profesor de grado y posgrado.

Actualmente es profesor e investigador del Instituto de Automática-CONICET de la Facultad de Ingeniería. Tiene un pasado como secretario de Investigación de esa facultad y como secretario de Extensión en el Rectorado. Además coordinó el Programa Especial de Tecnología de la Información y Comunicaciones de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, entre 2003 y 2005.

El profesor e investigador de la UNSJ, en pleno trabajo con un compañero del Instituto de Automática.

Los cálculos matemáticos sobre la progresión de la pandemia le dieron herramientas a las autoridades sanitarias para conocer cómo funcionaba el distanciamiento social, las etapas de aislamiento, los testeos masivos o el uso obligatorio del barbijo. Esa información sirvió para evaluar diferentes decisiones con el objetivo de achatar la curva de contagios.

“En los brotes siempre la postividad estuvo por arriba del 20 por ciento y hemos llegado al 60 o 70 por ciento”, apunta. La OMS pidió a los gobiernos aumentar los testeos para bajar esa tasa al 10% y así tener una mejor aproximación al contexto epidemiológico de cada población.

En su equipo participan Santiago Tosetti, de la UNSJ; Julián Pucheta del LIMAC (Laboratorio de Investigación Matemática Aplicada a Control), de la Universidad Nacional de Córdoba; Cristian Rivero, un cordobés radicado en Ámsterdam, y algunos colaboradores más. También compartió puntos de vista con el prestigioso médico y académico cordobés Oscar Atienza.

Comunicados en forma virtual, los investigadores calcularon el Rt (tasa de contagios) y la aceleración de los contagios (un índice creado por ellos). “Con esas herramientas podíamos ver en los modelos cómo se podía achatar la curva”, explica.

“Mi mamá Falleció por Covid cuando todavía no estaba vacunada”

Además aclara que vieron que eran “necesarios sólo 25 días de aislamiento para controlar un brote. Eso después lo hizo China para controlar y erradicar el brote de fines de 2020″.

“En 2021 sabíamos que si todos usábamos correctamente un barbijo certificado podíamos bajar los contagios. Si hubiera existido la decisión, eso era lo mismo que si nos hubiesen aislado en las casas y erradicábamos el brote”, asegura el ingeniero.

La muerte, el contagio y una anécdota

Daniel, como lo llaman desde chico, cumplió años el lunes 17 de enero. Lo pasó solo, en una habitación, igual que su hijo más chico, Leandro (20). Los dos se infectaron con Ómicron. La decisión fue para evitar contagiar a su esposa, Liliana Merenda (58).

Mi señora tenía las tres dosis de la vacuna y yo dos. Me aislé en la pieza de mi hija (María Eugenia, 29 años), que no vive con nosotros”. Esa habitación es la que acondicionó para hacer sus investigaciones durante la emergencia sanitaria.

Patiño junto a su esposa, Liliana, y sus hijos, Leandro y María Eugenia.

Patiño no tiene comorbilidades y asegura que la enfermedad le “dio leve; simplemente fue un nudo en la garganta, nada más, no tuve ni fiebre”.

Otro 17, pero de diciembre de 2020, que fue jueves, recibió la peor noticia de la pandemia. “Mi mamá falleció por Covid, todavía no le habían puesto la vacuna”. Se llamaba Isabel Arraya y tenía 80 años.

También murió un amigo de la Universidad y la esposa de un compañero de Electromecánica. Hubo bajas de gente conocida también. Algunos vecinos míos quedaron con secuelas por el Covid. Creo que todos hemos tenido esa triste experiencia”, expresa.

“A mi hija le dije que en febrero íbamos a estar en su casamiento sin barbijos”

“A pesar de todo esto uno trabajó con más ganas, para poder aportarle conocimiento a San Juan y por los reportes que enviamos a nivel nacional y que compartimos a nivel internacional”. Patiño no estaba obligado laboralmente a cumplir con esta tarea, sino que sintió una obligación ética.

Sus estudios le dieron la posibilidad de realizar algunas previsiones que ayudaron, inclusive, para la planificación de un festejo familiar. “Mi hija se estaba por casar por Iglesia, pero venía postergándolo. Pensó en febrero. Entonces todos los días me preguntaba si iba a poder”.

“Empezó a crecer la curva de contagios -en el inicio del 2022- y en los primeros días de enero llegamos a 140 000 casos en un día en Argentina. Ella me preguntó ‘¿vamos a poder hacer el casamiento o no?’. Yo le dije que el pico iba a ser el 14 (de enero) y que así como subieron los casos tenían que bajar. ‘Vamos a estar bien y sin barbijos’. Y así fue, pudimos hacer la fiesta y ya no habían protocolos tan estrictos como antes. Estaban todos vacunados”. María Eugenia se casó el sábado 12 de febrero.

En febrero, ya con protocolos muy flexibles, acompañó a su hija al altar.

Orgullo científico y una precisión del 95%

En todo el 2020 y en la primera mitad del 2021, Patiño hizo teletrabajo, porque además al edificio de Automática lo “afectó el terremoto -del lunes 18 de enero- y no lo habían habilitado en los primeros meses”.

En 2022 volvió a dar clases presenciales en la Universidad. Pero por las tardes sigue en su estudio casero trabajando con las estadísticas.

“En el comienzo de la cuarentena me traje las cosas de la facultad y daba las clases virtuales desde mi casa”, dice. Y destaca un acierto que tuvo: “A fines de 2019 me compré una computadora portátil que mandé a pedir a Estados Unidos. Por suerte la tuve para la pandemia y fue un golazo, porque es una computadora para investigación, con mucha memoria”.

“Hemos estado a la altura”

En la crisis, el profesional vio “un desafío” y “una oportunidad”. “Nosotros teníamos el conocimiento para vincularnos y trabajar en esta área, en una situación critica para el mundo entero”.

“Veíamos que universidades importantes, como la de Harvard (Estados Unidos) o la British Columbia (Canadá), estaban involucradas en estos temas. En Argentina no se abordaba en forma metodológica. Y nosotros dijimos ‘como no lo vamos a abordar si tenemos el conocimiento“, recuerda.

Patiño cuenta que para los cálculos matemáticos, la comunidad científica usó “modelos que se ajustaron para analizar la propagación del SARS-CoV-2”. “Los modelos epidemiológicos son conocidos en este ambiente. Nosotros los ajustamos para el Covid e incorporamos la información sobre cómo influían las decisiones de aislamiento“.

Con esos procesos “se podía ver que si testeaban mucho bajaba la curva de contagios, porque eran detectados los asintomáticos, como hizo Inglaterra”.

“Ha sido un proceso de aprendizaje muy grande. Hoy a los modelos los tenemos muy bien trabajados. En los momentos más difíciles también tomamos como medida la cantidad de pacientes que había en el área crítica y los que tenían respiradores. Con esas variables podíamos estimar la cantidad de infectados (por encima de los números registrados en los testeos diarios), con un margen de error de sólo el 5%“, detalla.

El profesional comparte su satisfacción: “Hemos estado a la altura”, y revela que su intención fue mostrar también que los investigadores de la UNSJ están capacitados para actuar en estas crisis globales.

“Fue un trabajo HECHO con pasión, todo a pulmón”

“Dijimos ‘cómo puede ser que nadie en Argentina esté aportando desde este sector del conocimiento’. Córdoba lo hizo desde la medicina, que ayudó muchísimo desde puertas adentro del hospital. Buenos Aires también. Pero en nuestra área, que es de puertas hacia afuera del hospital, sobre cómo se propagaba el virus y la estadísticas, eran muy pocos grupos. Éramos nosotros y gente de Córdoba. Quizás había otros grupos, pero no con el reporte que enviábamos nosotros”, repasa.

El investigador del CONICET admite que en Estados Unidos tal vez hubieran tenido a 20 profesionales y una infraestructura especial con computadoras nuevas en una semana. Pero en Argentina, con todos los problemas económicos, lograron este trabajo “con pasión, todo a pulmón”. “La comunidad científica recibió un llamado y nosotros fuimos a atender ese llamado, para el bien común. Era devolverle a la sociedad lo que nos dio la universidad pública“.

Cada tarde, el científico esperaba los reportes oficiales (nacionales y locales) sobre la cantidad de casos y muertes diarias por coronavirus y “los cargaba en la máquina” para procesar los datos. Así se anticipó, por ejemplo, al pico de la tercera ola en el país, que fue el viernes 14 de enero y en San Juan, el sábado 22 de ese mes.

“En pleno enero, todo el mundo estaba de vacaciones y yo estaba ahí con las estadísticas. Desde las 17 hasta las 23 seguro que había trabajo. En la Universidad estábamos de receso, pero yo no podía dejar de cargar los datos para monitorear. Cuando alguien preguntaba dónde estaba yo, mi señora decía ‘debe estar en la Covitera'” (se ríe).

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