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“Un entrenador tiene que ser un ejemplo”

Lucas Victoriano se fue de Venado Tuerto a los 15 años. Agarró un bolso lleno de ropa y dejó atrás a su gente y los lugares donde fue feliz. Partió en busca de un sueño que mamó de chico, triunfar en el básquet, algo que terminaría logrando con creces para meterse en la historia del deporte a nivel nacional. Muchos años después, ahora en su rol de entrenador, el destino le entregó un segundo capítulo de desarraigo. Y otro guiño con la gloria.  El año pasado, Victoriano tuvo que dejar otra vez a su familia: su hija y esposa se quedaron en España, donde el ex basquetbolista pasó gran parte de su carrera y residía, mientras él aceptaba volver a la Argentina para dirigir a Instituto de Córdoba.

Cuando asumió, en junio de 2021, el gran objetivo del tucumano y su equipo era llevar a su equipo a lo más alto del torneo local en el marco de un proyecto general. Lo logró. El lunes último guió a la Gloria a su primera Liga Nacional. Debajo de sus ojos asoman dos ojeras profundas que llaman la atención de cualquiera. No son pintadas. No están ahí porque sí. Es el cansancio, el estrés y la ansiedad que llegaron con el esfuerzo de disputar una serie de Playoffs por demás demandante frente a Quimsa de Santiago del Estero.

Las frecuentes videollamadas con su hija Carlota y su esposa fueron un calmante para esta dura etapa. Así siente cerca a su familia y se borran momentáneamente los miles de kilómetros que los separan.

Lucas Victoriano festeja la primera Liga Nacional de Instituto. Crédito: Matías García / Liga Nacional

Lucas Victoriano festeja la primera Liga Nacional de Instituto. Crédito: Matías García / Liga Nacional

En diálogo con Clarín, el técnico de Instituto, reciente campeón de la Liga Nacional de Básquet, nos cuenta el motor que lo impulsa todos los días: “Yo no puedo darle nada a mi hija si no estoy lleno“, dice.

El técnico tucumano confirma con mirada fuerte y decidida: “Yo dejé a mi hija en Europa porque creo que el camino que elegí para crecer como entrenador lo necesita. Y la mama de Carlota, que es ex jugadora también, lo entiende. Es muy complicado decir ‘me alejo de lo más sagrado para seguir mi carrera’”.

Cuando Victoriano asumió, en junio de 2021, el gran objetivo era llevar a su equipo a lo más alto del torneo local y pelear la serie de Play-Offs. Lo logró y consiguió campeonar. Hace apenas unos días guio a la Gloria a su primer torneo local en la historia del club y se convirtió en la primera persona en ganarlo como jugador y como director técnico

Debajo de sus ojos asoman dos ojeras oscuras y profundas que llaman la atención de cualquiera. No son pintadas y no están ahí porque sí. Es el cansancio, el estrés y la ansiedad que llegaron con la culminación de la exigente temporada. Pero éste es el camino que eligió.

Lucas sabe que “no puede darle nada” a su hija si él “no está bien”. Por eso dejó su trabajo en Madrid como comentarista de televisión, se alejó de las comodidades y se puso el overol para perseguir sus sueños. “Un entrenador no puede estar con las manos en los bolsillos pidiéndole a los jugadores que se tiren de cabeza. Todo lo que uno hace tiene que ser un ejemplo”, agrega.

Lucas Victoriano sigue con intensidad los partidos desde el costado de la cancha. Crédito: Matías García / Liga Nacional

Lucas Victoriano sigue con intensidad los partidos desde el costado de la cancha. Crédito: Matías García / Liga Nacional

-¿Cómo se maneja la presión en una final?

-No es lo mismo mi técnica de concentración hoy que en la de mi primera Liga. Yo tengo técnicas de jugador todavía. Somos un equipo joven, que recién está iniciando el proyecto. Nosotros llevamos ocho meses trabajando juntos. En situaciones de estrés necesitás conocerte con tu equipo, con tu club, con vos mismo. Y después también tenés que saber borrar. Por ahí un partido te fue mal y hay que empezar de nuevo.

-¿Te ayuda tu experiencia como jugador?

-Yo cuando era pendejo estaba completamente loco. No sabía si estaba jugando finales o no. Yo solo quería jugar. Por eso es difícil pedirles ahora a los pibes que no lo vivieron nunca, que sepan cómo actuar en éstas situaciones.

-También tuviste un cambio en tu juego muy importante… 

– Cuando la espalda casi me retira, en ese momento dije ‘Uy, qué va a pasar cuando esto se termine’. Muchos temores se vinieron de repente y yo pasé de ser esa persona sin miedos y sin temor a pensar en el futuro. Antes era muy atlético y con los problemas dejé de ser tan anotador y pasé a ocupar un juego más de asistidor. Empecé a jugar de otra manera, para los demás. Eso hace que tenga que conocer el juego mejor. Tener tanta pasión por el deporte me hace mirar todo y no parar nunca. A veces me encuentro opinando del Real Madrid de fútbol, por ejemplo.

– Se te ve cómodo liderando. ¿Es así?

-Me gusta liderar, pero sin invadir. Cada uno tiene su función y yo los tengo que ayudar para que lo hagan de la mejor manera. Hay veces que necesito orientar las energías de los jugadores, que muchas veces las tienen para cualquier lado. Y también que a la vez no se queden cómodos porque al día siguiente, luego de conseguir el objetivo, hay que ir por algo nuevo.

Como entrenador, además de su paso por Instituto, donde ya ganó el torneo Súper 20 del año pasado y ésta Liga Nacional, el tucumano de 44 años dirigió a Regatas de Corrientes, Estudiantes de Concordia y el Pozuelo CB de España.

Una espina olímpica.

Dentro del parquet, Lucas Victoriano será recordado como uno de los fundadores de la Generación Dorada. Uno de los integrantes que logró la medalla de oro en el Campeonato FIBA Américas de 2001 y la de plata en el Campeonato del Mundo 2002. Pero su deuda pendiente es disputar los Juegos Olímpicos. No pudo hacerlo como jugador por una lesión en su espalda.

Fue parte del equipo argentino que consiguió la medalla de plata en el Torneo de las Américas 2003. Foto: AP.

Fue parte del equipo argentino que consiguió la medalla de plata en el Torneo de las Américas 2003. Foto: AP.

-¿Pensás en la Selección argentina?

– Lo tomo como un sueño. Lo que sí, quiero estar preparado si me sale. Si me llaman de la ACB, de donde sea, yo quiero estar preparado siempre. Pero no estoy volviéndome loco con la Selección. Si hay una oportunidad quién no va a querer estar. Ahora, los Juegos Olímpicos los quiero hacer. Si no es de entrenador, de segundo entrenador, o de asistente, lo haré de dirigente. Pero que voy a ir a unos Juegos Olímpicos, de eso estoy seguro. 

-¿Te dolió quedarte afuera de Atenas 2004?

– He sufrido mucho yo. A mitad de temporada habíamos hablado con Rubén (Magnano). Pero no tenía un papel tan importante en el equipo. Era cantado que me vaya. Herrmann y Delfino eran aviones. Era lógico que haya un cambio por lo menos de dos jugadores, no del núcleo duro. No me siento ni siquiera culpable, ni con rencor, ni nada. Me convertí automáticamente en un hincha más de la Selección Argentina. Respeto muchísimo a Rubén. Creo que hizo lo que tenía que hacer. No se me quedó eso en la cabeza.

– ¿Cómo fueron tus primeros pasos en Real Madrid?

– En ese momento era más difícil el acceso al club. Fue estar en la cima de la montaña de golpe. Y cuando vos salís de ahí cualquier cosa parece bajar la montaña. Un fracaso. Yo empecé muy arriba y después fue muy difícil decirle a mi cabeza que yo no estaba dando un paso para atrás cuando cambio de club. Estaba en un proceso. Pero en ese momento cuando me fui del Madrid dije ‘no estoy preparado para estar acá’. Y obviamente no estaba preparado, era muy pendejo.

– ¿Te costó mucho adaptarte mentalmente a ese cambio?

– A mí me agarró mucho tiempo solo en Madrid. Sin la familia, sin amigos que son los que te equilibran y te ponen los patitos en fila. Con 19 años, siendo muy chico.

– A Fabricio Oberto le pasó algo parecido…

– Sí, en Grecia. Pero yo no supe que estuve deprimido hasta que lo pasé. Y lo mismo cuando me retiré. Pero ya había otros medios ahí, hablé con profesionales, otra cosa. Pero en esa etapa formativa no estar con los planetas alineados es complicado, porque podés disparar para cualquier lado. Más jugando en Madrid con plata en los bolsillos y fama. Era peligroso. Pero fue lo más grande que me pasó también. Tuve un vínculo de siete años con el club. Me siento parte de la historia del club. Siempre protegen a los ex jugadores. Es un club modelo en todo sentido.

Lucas Victoriano en su paso por el Real Madrid. Foto: Archivo Clarín.

Lucas Victoriano en su paso por el Real Madrid. Foto: Archivo Clarín.

Lejos de la familia.

Del otro lado del océano se encuentra su esposa Paula Palomares Valiente, ex jugadora de básquet; y su hija Carlota. Con ambas se comunica diariamente a través de videollamadas. Ambas están a más de 10 mil kilómetros de distancia. Luego de ganar el campeonato en el estadio de Quimsa, Santiago del Estero, se acordó de ellas a pesar de la distancia.

– Tu familia está en Europa, las dejaste allá para ser entrenador. Pero hace mucho tiempo hiciste algo parecido: dejaste a tus papás para poder ser jugador profesional.

– Sí. A los 15 años me fui de Venado Tuerto y mi viejo y mi vieja me dejaron de ver. Ese viaje es jodido porque vos agarras un bolsito y decís ‘me voy por mi sueño’. Si te va bien no volvés, y si te va mal te volvés como un fracasado. Entonces no querés que pase ninguna de las dos cosas. Cuando te separás aprendés a fortalecer el corazón.

– ¿Y ahora cómo hiciste?

– Con la mamá de Carlota que también jugaba al básquet es un poco más fácil. Porque también están las redes y las videollamadas. Ahora cuando termino me voy a pasar tres meses al lado suyo todo el tiempo. Es muy difícil. Cuando hay una situación difícil en el club yo digo ‘Flaco, yo dejé a mi hija para estar acá’. Es muy difícil encontrar una excusa más difícil que dejar una hija para venir a trabajar. Pero sé que es un camino.

Esta semana, Lucas Victoriano se consagró campeón como entrenador de Instituto. Hizo historia, es la primera Liga Nacional para los de Alta Córdoba. Los hinchas Albirrojos corean su nombre en el estadio Ángel Sandrín. Sus jugadores lo bancan, dentro y fuera de la cancha. Su hija y su esposa le sonríen en cada videollamada a pesar de los 10 mil kilómetros de distancia.

Pero las sonrisas de hoy esconden las lágrimas del ayer. Todo fue un camino de trabajo y sacrificio. Antes de la quinta final, la definitiva, recibió una visita especial en Alta Córdoba. Fue su padre. Aquel que lo despidió con 15 años y un bolsito lleno de sueños. Hoy recibe a un hombre de 44 con un trofeo bajo el brazo.

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