Murió Ernesto Cherquis Bialo, una pluma que marcó época
Ya el año pasado debió ser internado en el hospital Alemán de Buenos Aires a causa de ese mal. La gravedad de su cuadro motivó pedidos públicos de donantes de sangre y generó una ola de apoyos y oraciones entre colegas y seguidores. Pero esa vez, su fortaleza y su ánimo hicieron un milagro.
Él mismo relató las palabras que le dijo la médica que lo trató: “‘No tengo buenas noticias. La médula no funciona. Haga lo que tenga que hacer. Despídase de quien se tenga que despedir, firme los papeles que tiene que firmar’” Sin embargo, el propio Cherquis logró salir adelante por unos meses más. Y en esa ocasión, contó lo que, finalmente, le ganó la pulseada: “Yo tuve un enfriamiento que se convirtió en un broncoespasmo, que se transformó en una pulmonía y que terminó, este, con una, una neumonía bilateral. La neumonía bilateral me produjo la falta absoluta de defensas y la falta absoluta de defensas hizo que dejara de funcionar mi médula. Y cuando mi médula dejó de funcionar, el organismo reaccionó con una leucemia”. Esta vez, el milagro no sucedió. Y toca decir adiós.
Marzo de 1963. Un joven Ernesto Cherquis Bialo llega hasta Azopardo 579 (esquina México, casi San Telmo), la placa de bronce lustrado indicaba Editorial Atlántida, y apenas ingresa, en el mostrador de la entrada Ranea, el portero, siempre atento y enfundado en su uniforme gris franela, le indicó: “Tome el ascensor hasta el tercer piso y espere en el hall que el señor Fontanarrosa lo mandará a buscar”. Carlos Fontanarrosa dirigía El Gráfico, la principal revista de deportes no sólo del país sino del continente.
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